viernes, 16 de noviembre de 2012

El Sueño del Sabio

Había una vez, en un lejano país, un sabio de los que nacen tan sólo cada mil años, de esos que dejan huella mucho tiempo después de su muerte. Pero incluso dentro de los sabios, este era especial: estaba obsesionado con alcanzar la Verdad, la quería conocer por completo  para así comprender el mundo más y mejor que nadie. Quería poder llamarse sabio con justicia.

Por ello, inició una andadura que le llevó por todas las bibliotecas de su tierra. Revisó todos los libros habidos y por haber, preguntó a todos los expertos, profesores, maestros y especialistas que encontró con la intención de acumular cada vez más conocimientos y acercarse más a la Verdad.

La gente, al verle, se admiraba y le elogiaba, pero él sabía perfectamente que aún no podía considerarse a sí mismo un sabio de verdad, por lo que continuó investigando. Pero no hallando la verdad por ningún sitio, se marchó a la montaña, en busca de iluminación.

El tiempo pasaba y el sabio se maravillaba cada vez más de todo lo que aprendía, pues todo aquello tomaba forma en su mente y se revelaba poco a poco, uniendo todas las ciencias y disciplinas en un único elemento: la Verdad. Sin embargo, cuanto más averiguaba, más consciente era de que lo que estaba buscando era mucho más grande de lo que pensaba y se desilusionó. Se marchó pocos días después, a pesar de los ruegos de los monjes, que no querían que alguien tan bueno dando consejos se fuese.

Decidido a no rendirse, recorrió el mundo en busca de otros sabios con quienes hablar, pero no hayó ninguno que pudiese ayudarle, pues o bien eran simples charlatanes con fama inmerecida o sabios menos sabios que él mismo, que se encogían de hombros desconociendo la respuesta de muchas de las preguntas que les hacía. Sin embargo no cejaba, ya que por el camino él mismo iba descubriendo más cosas y reflexionando, hallando cada vez más perlas de sabiduría, pequeños pedazos de la Verdad que él tanto ansiaba. Esto le alegraba el espíritu, pero también le convencían de que conocer toda la Verdad era una tarea demasiado complicada para una solao vida. Por eso, a pesar del ardiente deseo que sentía en su corazón, renunció a la búsqueda y volvió triste y decepcionado a su tierra.

No obstante, una noche especialmente hermosa, tuvo un extraño sueño: la Verdad que él tanto había buscado se le presentó en carne y hueso.

—¿Quién eres? —le preguntó.

—¿No me reconoces? Llevas toda la vida detrás mío, siguiéndome.

El sabio, perplejo, no comprendía nada, hasta que, mirándole a los ojos, descubrió por un fugaz instante aquella figura que había estado formando con sus pequeños trocitos de verdad, sólo que ahora estaba completa. Sin embargo era tan inmensa que supo que no lograría entenderlo ni siquieracon mil vidas de hombres solo para eso, como si fuese infinito. Se maravilló tanto de toda la belleza simpleaza y armonía que vió que se despertó.

Nunca recordó nada en concreto de lo que vio en aquellos ojos, pero si que se le quedó impreso en el corazón todo lo que sintió. Desde ese momento no buscó más, y tan sólo se dedicó a compartir el la pequeña porción de verdad que ya conocía con inmensa alegría.

Fëanar

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